En los tejaleros del asentamiento poblacional de Cayamo, tiene el municipio de Caimanera, un baluarte en el Programa de Producción Local y Venta de Materiales de Construcción, opción invaluable en la mejora del fondo habitacional del territorio, uno de los problemas más apremiantes del país, vinculado con la construcción de viviendas.
Esos intrépidos hombres mujeres concentran sus labores en la producción de ladrillos, la cual no solo son como un oficio y lugar de trabajo; sino símbolo de tradición, esfuerzo y la dedicación por reanimar la comunidad.
Resalta en ellos su quehacer de forma artesanal y una de las fuentes de empleo de la localidad, no exenta de las limitaciones y carencias asociadas al bloqueo norteamericano que le impiden la adquisición de tecnología de avanzada que humanicen su trabajo.



Esa pieza rojiza de aspecto frágil, pero muy resistente, sigue siendo el elemento clave para realizar impecables trabajos arquitectónicos, además de servir como un elemento de pared importante en la elaboración, fortalecimiento y embellecimiento de una obra.
También reúne una serie de factores que van encaminados a la protección del hombre como son la resistencia a la comprensión, baja conductividad térmica, aislante acústico, absorción de agua, resistencia al fuego y durabilidad.
El ladrillo es además una pieza cerámica importante que data de muchos siglos y todavía perdura desde sus orígenes en la antigua Grecia.
Aunque los volúmenes productivos que alcanzan los tejaleros de Cayamo, son insuficientes, pero denotan su alta contribución al programa local de materiales de la construcción, cuyo impacto está en la edificación de viviendas una de las necesidades más crecientes de la población.
